Inca, el corazón de Mallorca

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Dice el dicho, valga la redundancia, que nada es verdad ni mentira y que todo depende del color del cristal con que se mira, exactamente esa sensación tengo con Inca, ciudad en el centro de la isla de Mallorca. Gracias a Som de Mallorca, una plataforma que se encarga de la promoción de experiencias en distintos pueblos y ciudades de Mallorca, he podido ver, sentir y disfrutar Inca desde otra perspectiva durante dos intensos días.

No puedes ir a Inca y no visitar su museo del calzado y de la industria, no sé si lo sabéis, pero el pasado industrial y sobre todo, zapatero de Inca es impresionante e intenso. En Inca, se fabricaba, y se sigue haciendo, un modelo de zapato cosido que data de 1879, de muy alta calidad en piel, muy característico, el GoodYear. La actividad industrial zapatera era tal que la vida de la ciudad giraba alrededor de esta actividad, tanto que su equipo de fútbol actual, el Constancia, es el resultado de asociación sindicarial de la época de esplendor de esta época dorada del calzado.

El museo hace un recorrido, gracias a muchas de las máquinas originales, al proceso de fabricación de los zapatos, a la evolución del calzado en inca. Si eres amante de los zapatos y de la historia no puedes dejar de visitar el museu d’Inca, un espacio ubicado en un antigua cuartel militar, donde también se hacen exposiciones temporales y otras actividades durante todo el año que lo convierten en un centro vivo.

Inca, no solo tiene un pasado industrial, si no también cultural y destacan el claustro de Sant Bartomeu, donde nos recibieron con música clásica las esculturas del artista pollencí Joan Bennassar, un lugar que es un monasterio aún en uso de clausura y que transmite paz. Justo al lado podemos dar un paseo por el antiguo huerto del convento, el serral de ses monges, hoy reconvertido en parque municipal y auténtico pulmón verde de la ciudad. Pinos y olivos nos acompañarán en el camino y podremos visitar los huertos urbanos en la parte baja así como disfrutar de unas increíbles vistas.

Antes de pasear por el parque, ya que estás en la parte alta de Inca, no dudes en ir a buscar sus antiguos molinos de cereal, con origen en el medioevo, hoy sin aspas, y reconvertidos en viviendas, que son un disfrute y nos muestran una parte de Inca, al menos para mí desconocida.

Parte del patrimonio arquitectónico inquero, incluye al claustro de Santo Domingo del S.XVIII y restaurado en su totalidad, que alberga la biblioteca municipal. Se utiliza para muchos de los eventos de la ciudad, ferias y muestras o su festival veraniego de jazz, IncaJazz.

A nosotros nos esperaban en el claustro unos siurells que tendrían que ser decorados por nosotros mismos al estilo inquero, es decir con 4 colores. El orígen de los siurells no queda claro, se cree fenicio y tampoco queda claro su utilidad, pero sí se sabe según nos explicó la Artista Francisca Truyols, la primera referencia sobre siurells documentada se tiene justo en Inca. El empleo de azul y amarillo, además del verde y el rojo, sobre una figurita que puede representar varias formas, puede ser la forma que tenían los artesanos de indicar la procedencia de la obra en sí, y si en Marratxí y toda la terra del fang, se decoran en rojo y verde, Inca añadió dos colores más, la razón exacta se perdió en la noche de los tiempos.

Es obligado pasear por el centro histórico de Inca, disfrutar de sus calles, de la iglesia de Santa María la Mayor, de sus comercios, del ambiente y cuando arrecia el hambre, lo ideal es disfrutar del alguno de los cellers. Los cellers son antiguas bodegas que en Mallorca se han reconvertido en restaurantes que ofrecen cocina tradicional mallorquina de calidad y a precios más que asequibles. A mi me recuerdan y mucho a los Bouchons de la ciudad francesa de Lyon, al menos en concepto. Podréis probar platos clásicos de la isla mayor de las Baleares como el tumbet, el pica pica o las sopes.

Lo bueno es que al estar en el centro de la isla, todo está cerca y para dormir, porque no hacerlo al borde del mar y relajar cuerpo y mente en un centro hotelero como el PortBlue Pollentia, un complejo con restaurantes, bares o un spa de ensueño.

Con el cap descansat i la panxa plena, otra visita que no puedes perderte es el forn de sant Francesc, regentado por Joan Seguí y su esposa María, situado al lado del colegio e iglesia del mismo nombre, y que ofrece muchas especialidades clásicas como son la ensaïmada, el cardenal de Lloseta o sus famosos doblegats, un hojaldre de muchas capas relleno y que no utiliza mantequilla en su elaboración. Joan es el mejor anfitrión, tanto que nos permitió elaborar ensaimadas con él, y vaya maestro, por algo fue el ganador del premio de la primera edición de la mejor ensaimada del mundo, y seguro que muchos lo conocéis porque tiene una cuenta de instagram admirable donde nos cuenta su día a día como obrador de pasteles, tartas y demás dulcerías.

Como os decía, he descubierto muchas cosas de Inca y eso que solo estuve 2 días, entre ellas su patrimonio enológico, un patrimonio que viene de antiguo, tal y como pudimos ver en les cases de Son Bordils, con una bodega de origen medieval, y que representa a la perfección lo que es una possesió mallorquina. Las bodegas Son Bordils ofrecen unos caldos que harán disfrutar a los paladares más exigentes, tradición y modernidad aunados en un mismo espacio único.

Pero sin duda, para tener la mejor perspectiva de lo que es Inca, hay que subir al puig de Santa Magdalena, que ofrece en los días claros una espectacular panorámica de Inca y de otras poblaciones de alrededor, incluso se ve el mar. Además allí hay un restaurante con el mismo nombre, que es de lo más agradable y que no te puedes perder, eso sí, reserva antes por si está lleno.

Aprovecha la tarde para tomar un té en el centro y disfrutar de uno de sus dulces más conocidos, los congrets, un bizcocho denso con harina, huevos y azúcar que se elaboraba en el monasterio de Sant Bartomeu y que en Inca son signo de amistad porque se regalan cuando se va de visita o se les ofrece a las mismas cuando vienen a casa.

Y tras el paseo, mi recomendación es que acabes tu fin de semana en el restaurante Joan Marc, cocina de autor con sabor isleño, deliciosa, cuidada y con mimo. Años queriendo ir y entre unas cosas y otras fue imposible, por fin he podido disfrutar de sus delicias en un local muy acogedor y con un personal encantador. Un must inquero.

Sí, lo dije en instagram durante la experiencia, Mallorca, bueno, todas las Baleares, son mucho más que sol y playa, hay otra Mallorca y otras Baleares cargadas de vivencias únicas para alimentar nuestra alma.

Para conocer bien a una persona hay que conocer su corazón, pues para conocer bien un lugar, lo mismo. Nada es verdad ni mentira ¿verdad?

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El chef
Manu Ruiz

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